Pero tú, en tu empeño de que todo es posible, decides que uno de tus superpoderes como madre va a ser conseguir que todo eso que te gusta entre en un mismo espacio con ese pequeño ente que está a punto de llegar. Te remangas y empiezas a mover cosas.Tan sólo cinco minutos después ya sabes que esta batalla está perdida, que con este supervillano no puedes y que es imposible doblar el espacio inexistente, por lo menos en este plano de realidad. Descubres que tu casa no es una Tardis por más que te empeñes y llegamos, inexorablemente, a la siguiente conclusión: "¿Necesitaremos una casa más grande?"
La verdad es que en el mundo en el que vivimos, seguramente esta sea una de las preguntas que más se hagan las parejas cuando descubren que van a ser padres. Inicialmente, te independizas, bien sea sola o con pareja y acomodas el espacio para una o dos personas, en el caso de gente con aficiones como las mías, eso implica adecuar el espacio para los libros, los cómics, los juegos y demás cosas, de la misma forma que otros acumulan ropa y zapatos, muñecas de porcelana o nuestras abuelas vajillas y mantelerías. Es difícil cuando convives con alguien, porque sobre todo al principio, hay que buscar espacios comunes que sean de ambos y también espacios en los que cada uno se sienta cómodo. Cuando lo consigues es genial, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez las casas las hacen más pequeñas y totalmente sinsentido, no entiendo el por qué tienden a convertir las cocinas en meros pasillos, por ejemplo, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión.
En fin, cuando crees que ya tienes todo eso controlado, de repente te das cuenta de que un niño lo cambia todo. Obviamente necesita su propio espacio, con sus cosas y sus rincones de juego y, sobre todo, cosas que ahora te permites el lujo de dejar por ahí tiradas en cualquier parte, no deberían de estar al alcance de un niño. Así que cambia tu perspectiva de las cosas y empiezas a querer un entorno distinto para hacer de su niñez algo que merezca la pena recordar. Un jardín, un perro, espacio para respirar oxígeno en lugar de oír coches.... No sé, esas cosas que hacen mantener tu corazón de niño un poco más vivo en tu interior durante más tiempo. Y así, el buscar esa figura edición de coleccionista un poco más barata deja de ser una prioridad para meterte de lleno en el fascinante mundo de las inmobiliarias otra vez (creo que dejaré nuestras desventuras buscando casa para otro post), y ¿sabéis qué? A pesar de todos los enredos.... ¡¡me encanta esta aventura!!
2 comentarios:
Yo insisto, Sonia... Si no tienes sitio en casa yo por ti hago un esfuerzo en guardarte frikadas... Todo por que el baby alien tenga espacio para jugar :)
Jajajaja, y seguro que prefieres que empiece por las de Star Wars, verdad???
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