"Madre no hay más que una", siempre me acuerdo de esa frase cuando pienso en mi madre, mis abuelas y, supongo, que todas las generaciones anteriores de mujeres. Me la decían constantemente cuando yo repetía que no pensaba en absoluto en aumentar la prole de la familia (miradme ahora comiéndome mis palabras), como si fuese un mantra religioso o una forma de autoconvencerse de que pasase lo que pasase el concepto de "madre" siempre sería superior a cualquier otro.
Ahora, buceando un poco por la red, encuentro multitud de blogs y páginas de madres contando sus experiencias y como van viviendo ellas la maternidad. Algunas me ayudan a entender algunas de las cosas que me están pasando, pero otras me hacen pensar que hay personas que creen que esto de la maternidad es solo cosa de mujeres y que lo que pasa sucede solo en torno a nosotras. Y creo que es un punto de vista equivocado. No sé si es que yo he tenido suerte o, tal vez, me he tomado esto de ser madre como algo natural y lo he desprovisto de todo misticismo, pero no creo que sea algo exclusivamente mío. Es cierto que mi cuerpo está cambiando en formas que no podía ni imaginar y que seguramente no vuelva a sentir ninguna sensación comparable a notar como mi hijo se mueve dentro de mí, pero cuando miro a mi lado en el sofá, veo a otra persona que está tan ilusionada como yo con esto y que vive cada paso como si le fueran las entrañas en ello. Y sin embargo, no consigo adivinar lo que piensa.
Leyendo, me doy cuenta de que existe alguna literatura sobre lo que les pasa a los padres durante el proceso del embarazo, pero es mucho más escasa y, por lo que he podido ver, tiene mucha menos "magia" que la que habla de las chicas. Y me da un poco de pena pensar que se está perdiendo también la experiencia que viven los chicos. Hablan mucho de lo que afecta el embarazo a las relaciones de pareja y en ese contexto a lo que puede preocuparle a tu chico, pero muy poco de los sentimientos reales que puede estar experimentando. ¿Habrá sentido la misma emoción al notar la primera patada de nuestro bebé que la que sentí yo cuando empecé a notar sus movimientos? ¿Le preocupará igualmente que esté bien ahí dentro? ¿Le gusta hablarle?... Son un millón las preguntas que me hago, sobre todo por si emocionalmente está siendo para él lo mismo que para mí, pero no encuentro demasiados testimonios (que seguro que los hay) de esa parte, parece como si sólo se interesaran por la parte que tiene que ver con nosotras y, como mucho, con la que puede afectarnos a nosotras de ellos.
Estoy segura de que una experiencia como esta se vive de diferente forma cuando llevas a una criatura dentro y cuando no, pero eso no quiere decir que sea menos intensa. Yo, ahora, soy plenamente consciente de que, hasta que esta culebrilla salga, no estoy nunca sola, nunca. Ya se encarga él de recordármelo de vez en cuando con una buena coz en las costillas y me encanta esa sensación. Pero también estoy segura de que, aunque distinta, tiene que estar siendo una experiencia muy intensa para mi chico también. Así que, reivindiquemos embarazos compartidos al 100% y que los padres se pronuncien más. Queremos saber qué pasa por sus cabecitas también.
Año nuevo, vida nueva
Y nunca mejor dicho. Este 2015 se presenta como uno de esos años en los que tu vida cambia de una forma radical, teniendo en cuenta que incluye una nueva personita de la que te preocuparás el resto de tu vida, posiblemente un cambio de residencia, otro examen de oposición.... vamos, que va a ser toda una aventura para un año con un número tan bonito. De hecho, ayer me reía con el padrino del niño diciendo que va a ser un niño del segundo impacto (los que hayan visto la serie de Evangelion sabrán de lo que hablo).
No sé muy bien cómo vamos a ser capaces de gestionar tantos cambios, la verdad me preocupa un poco porque todo el mundo te vende la maternidad sólo de dos formas, como algo maravilloso con lo que vivirás el resto de tus días y como algo que te cambiará radicalmente la vida. No tengo muy claro cualquiera de las dos, la verdad, aunque también es cierto que nunca he sido madre y no tengo ni idea de lo que se siente siendo una (esa parte os la podré contar dentro de unos meses). Lo que sí sé como futura madre es que ahora mi peque se levanta y se acuesta revoltoso y que durante todo el día se dedica a "recordarme" de vez en cuando que está ahí. Me habían dicho de todo de esta parte, que si era un poco grimoso, que si a veces era molesto, que si era increíble notar la conexión con ese pequeño ente dentro de tí... la realidad es que a mí me hace gracia. Tal vez no sea un sentimiento muy materno, pero me imagino a esa pequeña personita ahí dentro, flotando en la oscuridad y calentito y que, de vez en cuando, estira una pata o una pierna y yo lo noto contra las paredes de mi cuerpo (es por eso que lo he bautizado como "babyalien"). Y eso me hace gracia, me arranca una sonrisa y pienso en lo divertido que será ver el desarrollo exterior de ese pequeño ente y en lo que se convertirá en adulto. A lo mejor a eso se refieren con "algo que llevas contigo todos los días de tu vida".
Lo cierto es que, de momento, como llevo un embarazo tan bueno, tampoco soy muy consciente de todas esas cosas que se suponen que pasan, excepto por la acidez y la panza que crece cada día, no noto ni antojos ni hormonas, ni nada de nada... Imagino que depende de cada persona, porque si no la única explicación posible es que se trate de un cuento de las mujeres para poder dar rienda suelta a sus frustraciones durante nueve meses. Quiero pensar que el cuerpo de cada chica es distinto y que, por lo tanto, reacciona de forma diferente ante un cambio tan radical como es tener el ADN de otra persona recorriéndolo. Sin embargo, también pienso que nuestro cuerpo reacciona según el momento vital en el que estamos, me explico, si estás en un momento equilibrado de tu vida, en el que te sientes muy segura con todo lo que te rodea y contigo misma, imagino que las hormonas no hacen tantos estragos como si hay algo que te haga sentir mal o infeliz, por pequeño que sea. La parte buena es que ahora ya se empieza a notar y ya no tengo que estar contándoselo a todo el mundo, eso de dar explicaciones no es lo mío, así que o pensarán que las fiestas me han sentado demasiado bien o sacarán sus propias conclusiones.
Feliz año amigos/as, ya os iré contando como se presenta esta aventura.
No sé muy bien cómo vamos a ser capaces de gestionar tantos cambios, la verdad me preocupa un poco porque todo el mundo te vende la maternidad sólo de dos formas, como algo maravilloso con lo que vivirás el resto de tus días y como algo que te cambiará radicalmente la vida. No tengo muy claro cualquiera de las dos, la verdad, aunque también es cierto que nunca he sido madre y no tengo ni idea de lo que se siente siendo una (esa parte os la podré contar dentro de unos meses). Lo que sí sé como futura madre es que ahora mi peque se levanta y se acuesta revoltoso y que durante todo el día se dedica a "recordarme" de vez en cuando que está ahí. Me habían dicho de todo de esta parte, que si era un poco grimoso, que si a veces era molesto, que si era increíble notar la conexión con ese pequeño ente dentro de tí... la realidad es que a mí me hace gracia. Tal vez no sea un sentimiento muy materno, pero me imagino a esa pequeña personita ahí dentro, flotando en la oscuridad y calentito y que, de vez en cuando, estira una pata o una pierna y yo lo noto contra las paredes de mi cuerpo (es por eso que lo he bautizado como "babyalien"). Y eso me hace gracia, me arranca una sonrisa y pienso en lo divertido que será ver el desarrollo exterior de ese pequeño ente y en lo que se convertirá en adulto. A lo mejor a eso se refieren con "algo que llevas contigo todos los días de tu vida".
Lo cierto es que, de momento, como llevo un embarazo tan bueno, tampoco soy muy consciente de todas esas cosas que se suponen que pasan, excepto por la acidez y la panza que crece cada día, no noto ni antojos ni hormonas, ni nada de nada... Imagino que depende de cada persona, porque si no la única explicación posible es que se trate de un cuento de las mujeres para poder dar rienda suelta a sus frustraciones durante nueve meses. Quiero pensar que el cuerpo de cada chica es distinto y que, por lo tanto, reacciona de forma diferente ante un cambio tan radical como es tener el ADN de otra persona recorriéndolo. Sin embargo, también pienso que nuestro cuerpo reacciona según el momento vital en el que estamos, me explico, si estás en un momento equilibrado de tu vida, en el que te sientes muy segura con todo lo que te rodea y contigo misma, imagino que las hormonas no hacen tantos estragos como si hay algo que te haga sentir mal o infeliz, por pequeño que sea. La parte buena es que ahora ya se empieza a notar y ya no tengo que estar contándoselo a todo el mundo, eso de dar explicaciones no es lo mío, así que o pensarán que las fiestas me han sentado demasiado bien o sacarán sus propias conclusiones.
Feliz año amigos/as, ya os iré contando como se presenta esta aventura.
Cuando tu cuerpo ya no es tuyo....
Una de las cosas que más estoy notando es la sensación de que mi cuerpo ya no me pertenece totalmente. Dicho así, podría considerarse la entrada de una película de terror, de esas en las que una pobre joven se ve abducida/poseída por un ente extraño y que no le permite controlar sus actos, terminando desarrollando tendencias homicidas casi siempre. Pero el fondo de la frase es totalmente cierto. Todo aquello que creías saber sobre tu cuerpo de repente se vuelve del todo relativo.
Os voy a poner un ejemplo. Hace muchísimos años que soy vegetariana, además no suelo tomar comida picante ni nada demasiado fuerte, porque en general son cosas que no me gustan y además no van con el estilo de alimentación que me apetece. Eso implica que nunca en mi vida, podéis creerme, he tenido ni un episodio de "ardor de estómago", ya sabéis, lo que siente el pobre hombre del anuncio ese de Gaviscon que tanto sale en la tele. Hasta ahora nunca había reparado en él, pero ahora mismo, no hago más que evocar esos bomberos blancos que alivian el sufrimiento de ese pobre hombre. ¿Y por qué? Sencillamente porque parece ser que las embarazadas, y yo en concreto, tenemos tendencia a la acidez de estómago debido que la hormona progesterona relaja algunos músculos, entre ellos el que conecta el estómago con el esófago. Y, claro, los ácidos gástricos no tienen otro divertimento que intentar subir por él a ver qué encuentran de camino. El resultado es que me siento como un dragón del averno al que le va a salir una llamarada por la boca, sonaría bien si no fuese porque la sensación es terriblemente desagradable y no sabes muy bien cómo controlarla.
Cosas que he probado y que me han funcionado:
- He eliminado los cítricos (no os podéis imaginar lo muchísimo que echo de menos mi zumo de naranja de por las mañanas), el café y el tomate en todas sus formas (otra de las cosas que formaba la base de muchísimas de mis comidas y que echo de menos un montón).
- Cenar temprano, cosa que los que trabajamos mucho solemos retrasar hasta casi horas poco razonables, pero que ahora se ha convertido casi en una cena/merienda. Y, por supuesto, no acostarme al acabar de cenar.
- Intentar permanecer medio incorporada al dormir, para que el reflujo ese no decida hacer expediciones por mi garganta.
Todo lo demás, no me ha servido de demasiado, pero estas tres cosas, parece que empiezan a dar sus frutos a pocos. No hay remedio infalible ni nada que sea bueno para todo el mundo, eso también lo he aprendido con toda esta aventura, porque la gente no se cansa de darte "recetas", ¡de verdad que no se cansan!, parecen el Libro gordo de Petete en modo bucle, pero la verdad del asunto es que tienes que empezar a redescubrir tu cuerpo durante esos nueve meses, porque cualquier parecido con la anterior versión es pura ficción.
Y luego notas esa cosita pequeñita que se revuelve en tu interior y que te recuerda el por qué tu cuerpo ya no es todo tuyo, obviamente porque durante este tiempo es también suyo y eso implica que tienes que readaptarte en el tiempo que compartáis espacio. Como cuando te vas a vivir con alguien y tenéis que adaptar vuestras costumbres, pues imagino que lo mismo pero con alguien del que no te separas en ningún segundo del día.
Y la sensación es genial, por un momento no te acuerdas de nada más, porque empiezas a pensar en cómo será, en si le gustarás o no y en si al final, todas esas cosas que quieres hacer bien te saldrán como quieres.
Vamos, peor que una mazmorra de D&D, en esa, por lo menos, sólo hay bichos.
Os voy a poner un ejemplo. Hace muchísimos años que soy vegetariana, además no suelo tomar comida picante ni nada demasiado fuerte, porque en general son cosas que no me gustan y además no van con el estilo de alimentación que me apetece. Eso implica que nunca en mi vida, podéis creerme, he tenido ni un episodio de "ardor de estómago", ya sabéis, lo que siente el pobre hombre del anuncio ese de Gaviscon que tanto sale en la tele. Hasta ahora nunca había reparado en él, pero ahora mismo, no hago más que evocar esos bomberos blancos que alivian el sufrimiento de ese pobre hombre. ¿Y por qué? Sencillamente porque parece ser que las embarazadas, y yo en concreto, tenemos tendencia a la acidez de estómago debido que la hormona progesterona relaja algunos músculos, entre ellos el que conecta el estómago con el esófago. Y, claro, los ácidos gástricos no tienen otro divertimento que intentar subir por él a ver qué encuentran de camino. El resultado es que me siento como un dragón del averno al que le va a salir una llamarada por la boca, sonaría bien si no fuese porque la sensación es terriblemente desagradable y no sabes muy bien cómo controlarla.
Cosas que he probado y que me han funcionado:
- He eliminado los cítricos (no os podéis imaginar lo muchísimo que echo de menos mi zumo de naranja de por las mañanas), el café y el tomate en todas sus formas (otra de las cosas que formaba la base de muchísimas de mis comidas y que echo de menos un montón).
- Cenar temprano, cosa que los que trabajamos mucho solemos retrasar hasta casi horas poco razonables, pero que ahora se ha convertido casi en una cena/merienda. Y, por supuesto, no acostarme al acabar de cenar.
- Intentar permanecer medio incorporada al dormir, para que el reflujo ese no decida hacer expediciones por mi garganta.
Todo lo demás, no me ha servido de demasiado, pero estas tres cosas, parece que empiezan a dar sus frutos a pocos. No hay remedio infalible ni nada que sea bueno para todo el mundo, eso también lo he aprendido con toda esta aventura, porque la gente no se cansa de darte "recetas", ¡de verdad que no se cansan!, parecen el Libro gordo de Petete en modo bucle, pero la verdad del asunto es que tienes que empezar a redescubrir tu cuerpo durante esos nueve meses, porque cualquier parecido con la anterior versión es pura ficción.
Y luego notas esa cosita pequeñita que se revuelve en tu interior y que te recuerda el por qué tu cuerpo ya no es todo tuyo, obviamente porque durante este tiempo es también suyo y eso implica que tienes que readaptarte en el tiempo que compartáis espacio. Como cuando te vas a vivir con alguien y tenéis que adaptar vuestras costumbres, pues imagino que lo mismo pero con alguien del que no te separas en ningún segundo del día.
Y la sensación es genial, por un momento no te acuerdas de nada más, porque empiezas a pensar en cómo será, en si le gustarás o no y en si al final, todas esas cosas que quieres hacer bien te saldrán como quieres.
Vamos, peor que una mazmorra de D&D, en esa, por lo menos, sólo hay bichos.
Si ya no hay sitio para los cómics.... ¿Donde metemos al niño?
Ese es el momento de pánico cuando por fin descubres que estás embarazada y echas una mirada a tu alrededor, ves tu casa, donde libros, figuras, cómics, juegos y demás herramientas lúdicas se amontonan ya en pirámides imposibles y te preguntas si en la cumbre de alguna de esas pirámides se mantendría un bebé en equilibrio. Piensas.... "Tenemos dos habitaciones, tiene que haber espacio de sobra" y te vas a dar un paseo por esa segunda habitación, mientras intentas buscar un orden lógico a las cosas que vas a tener que sacar de ella para poner en otro lugar. Y, en tu fuero interno sabes que es casi imposible que puedan reubicarse en otro espacio de la casa que no sea el trastero (esa odiosa palabra que juramos no volver a emplear para almacenar nuestras cosas frikis cuando nos independizamos de casa de nuestros padres).
Pero tú, en tu empeño de que todo es posible, decides que uno de tus superpoderes como madre va a ser conseguir que todo eso que te gusta entre en un mismo espacio con ese pequeño ente que está a punto de llegar. Te remangas y empiezas a mover cosas.
Tan sólo cinco minutos después ya sabes que esta batalla está perdida, que con este supervillano no puedes y que es imposible doblar el espacio inexistente, por lo menos en este plano de realidad. Descubres que tu casa no es una Tardis por más que te empeñes y llegamos, inexorablemente, a la siguiente conclusión: "¿Necesitaremos una casa más grande?"
La verdad es que en el mundo en el que vivimos, seguramente esta sea una de las preguntas que más se hagan las parejas cuando descubren que van a ser padres. Inicialmente, te independizas, bien sea sola o con pareja y acomodas el espacio para una o dos personas, en el caso de gente con aficiones como las mías, eso implica adecuar el espacio para los libros, los cómics, los juegos y demás cosas, de la misma forma que otros acumulan ropa y zapatos, muñecas de porcelana o nuestras abuelas vajillas y mantelerías. Es difícil cuando convives con alguien, porque sobre todo al principio, hay que buscar espacios comunes que sean de ambos y también espacios en los que cada uno se sienta cómodo. Cuando lo consigues es genial, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez las casas las hacen más pequeñas y totalmente sinsentido, no entiendo el por qué tienden a convertir las cocinas en meros pasillos, por ejemplo, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión.
En fin, cuando crees que ya tienes todo eso controlado, de repente te das cuenta de que un niño lo cambia todo. Obviamente necesita su propio espacio, con sus cosas y sus rincones de juego y, sobre todo, cosas que ahora te permites el lujo de dejar por ahí tiradas en cualquier parte, no deberían de estar al alcance de un niño. Así que cambia tu perspectiva de las cosas y empiezas a querer un entorno distinto para hacer de su niñez algo que merezca la pena recordar. Un jardín, un perro, espacio para respirar oxígeno en lugar de oír coches.... No sé, esas cosas que hacen mantener tu corazón de niño un poco más vivo en tu interior durante más tiempo. Y así, el buscar esa figura edición de coleccionista un poco más barata deja de ser una prioridad para meterte de lleno en el fascinante mundo de las inmobiliarias otra vez (creo que dejaré nuestras desventuras buscando casa para otro post), y ¿sabéis qué? A pesar de todos los enredos.... ¡¡me encanta esta aventura!!
Pero tú, en tu empeño de que todo es posible, decides que uno de tus superpoderes como madre va a ser conseguir que todo eso que te gusta entre en un mismo espacio con ese pequeño ente que está a punto de llegar. Te remangas y empiezas a mover cosas.Tan sólo cinco minutos después ya sabes que esta batalla está perdida, que con este supervillano no puedes y que es imposible doblar el espacio inexistente, por lo menos en este plano de realidad. Descubres que tu casa no es una Tardis por más que te empeñes y llegamos, inexorablemente, a la siguiente conclusión: "¿Necesitaremos una casa más grande?"
La verdad es que en el mundo en el que vivimos, seguramente esta sea una de las preguntas que más se hagan las parejas cuando descubren que van a ser padres. Inicialmente, te independizas, bien sea sola o con pareja y acomodas el espacio para una o dos personas, en el caso de gente con aficiones como las mías, eso implica adecuar el espacio para los libros, los cómics, los juegos y demás cosas, de la misma forma que otros acumulan ropa y zapatos, muñecas de porcelana o nuestras abuelas vajillas y mantelerías. Es difícil cuando convives con alguien, porque sobre todo al principio, hay que buscar espacios comunes que sean de ambos y también espacios en los que cada uno se sienta cómodo. Cuando lo consigues es genial, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez las casas las hacen más pequeñas y totalmente sinsentido, no entiendo el por qué tienden a convertir las cocinas en meros pasillos, por ejemplo, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión.
En fin, cuando crees que ya tienes todo eso controlado, de repente te das cuenta de que un niño lo cambia todo. Obviamente necesita su propio espacio, con sus cosas y sus rincones de juego y, sobre todo, cosas que ahora te permites el lujo de dejar por ahí tiradas en cualquier parte, no deberían de estar al alcance de un niño. Así que cambia tu perspectiva de las cosas y empiezas a querer un entorno distinto para hacer de su niñez algo que merezca la pena recordar. Un jardín, un perro, espacio para respirar oxígeno en lugar de oír coches.... No sé, esas cosas que hacen mantener tu corazón de niño un poco más vivo en tu interior durante más tiempo. Y así, el buscar esa figura edición de coleccionista un poco más barata deja de ser una prioridad para meterte de lleno en el fascinante mundo de las inmobiliarias otra vez (creo que dejaré nuestras desventuras buscando casa para otro post), y ¿sabéis qué? A pesar de todos los enredos.... ¡¡me encanta esta aventura!!
El embarazo, esa cosa de la que todo el mundo habla bien.... una vez que lo han pasado
No podía pensar en otra manera mejor para empezar este blog que hablar de lo previo a la llegada de un bebé... los 9 meses de embarazo.
La verdad es que ahora mismo, ya de 4 meses y medio, tengo una perspectiva muy distinta de la que tenía cuando empezamos con esta aventura. La última de mis primas que dio a luz, comentaba sólo unas semanas después del nacimiento de su última hija que echaba de menos estar embarazada y yo, metida de lleno ahora en ese berenjenal, sólo puedo pensar.... "¿Estaba drogada o qué?" Todavía no lo sé, pero tengo la teoría de que las sustancias que te dan o segregas durante el parto te cambian en algo el recuerdo que tienes de los 9 meses previos, o si no, no me lo explico.
Entendedme bien, la verdad es que no tengo apenas razones para quejarme, en comparación con otros que veo a mi alrededor, mi embarazo está siendo (de momento) un paseo muy liviano, pero tanto como para echarlo de menos, os aseguro que no.
Los primeros síntomas habituales, vómitos y demás, pasaron sin pena ni gloria, a no ser el de la somnolencia. Creedme, la sensación de querer dormir hasta apoyada en los marcos de las puertas no es nada agradable. Te sientes como Superman en una piscina de kriptonita, tú peleando por salir y con una losa de cansancio que apenas te deja terminar las cosas que empiezas. Y, claro, eso ayuda en otra de las cosas que más me molesta y que todo el mundo tiene tendencia a hacer cuando estás embarazada: deciden de repente que no puedes hacer cantidad de cosas independientemente de cómo te encuentres tú. Y ahí inserto yo mi frase favorita para contestarles: "Estoy embarazada, no enferma". Es cierto que con el embarazo, sobre todo cuando va pasando el tiempo y tu cuerpo cambia, hay cosas que se hacen más difíciles, pero el grado de proteccionismo de la gente que te rodea a veces roza lo absurdo. Es evidente que la gente lo hace porque te quiere, pero para una mujer adulta, independiente y capaz de valerse por sí misma es un trago difícil de llevar. Me hace recordar a Tormenta cuando perdió sus poderes y vagó por el país sin ellos, pero con su corazón de heroína intacto. Las mujeres embarazadas creo que nos sentimos un poco así a veces, hemos perdido parte de nuestra fuerza y vitalidad porque está concentrada en ese milagro que es hacer crecer a otro ser humano dentro de nosotras, pero nuestras ganas y nuestro espíritu sigue intacto, así que a veces se hace muy complicado quedarse quieta y ver cómo los demás hacen las cosas por ti.
Otra de las cosas que no me gustan nada del embarazo es el imán que parece tener tu "barriguita" para las manos ajenas, amigas, allegadas y, a veces, totalmente desconocidas. Cuando alguien te ve, sobre todo conforme se va haciendo más prominente la parte baja del abdomen, te saluda y te frota la barriga, como si de ahí fuese a salir el genio de la lámpara. Yo, que ya no soy demasiado dada al contacto físico con gente a no ser la muy cercana, tengo ganas de instalarme un dispositivo dispensador de corrientes para que, por lo menos, reciban un calambre de bienvenida.
Y no me entendáis mal, soy feliz de estar inmersa en este viaje, no lo cambiaría por nada del mundo. Tener este bebé creciendo dentro de mí es el regalo más increíble que el universo me ha hecho nunca, después de su padre y la familia que estamos formando. Pero después de oír durante cuatro meses a un montón de personas hablar sobre lo maravilloso que es el estar embarazada, tenía que romper algunos de los mitos.
Hay cosas preciosas, por supuesto, cuando notas por primera vez que tu hijo se mueve dentro es una sensación que no es comparable a nada de lo que puedan haberte contado previamente. Pero cuando va seguido de una acidez que te hace subir la quemazón de las agruras hasta la garganta.... bueno, lo ves todo menos bonito.
En fin, este es el inicio de la aventura, veremos qué nos deparan los dados en esta partida. Y, mientras tanto, una recomendación, leed muchos blogs de mamás con sentido del humor y que te saquen una sonrisa de vez en cuando, entre mis preferidos: 39 semanas y La Volatil (que me gusta siempre, pero con sus ilustraciones sobre el embarazo todavía más)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




Follow Us
Were this world an endless plain, and by sailing eastward we could for ever reach new distances